Que tengan buena salida de 2008…

2008 acaba en unas horas. Recuerden que el último minuto del año tiene 61 segundos, por eso de ajustar el tiempo coordinado universal (UTC)

Fin de Nochevieja

Fin de Nochevieja

Y para las campanadas, si otros años han probado trucos facilitados por pobres adivinos y tarotistas como llevar prendas de un determinado color o echar oros a las copas, innoven. Aprovechando la conjunción planetaria que puede que se produzca -o no- con Mercurio, rindan tributo echando al champán/cava/sidra/bebida-nacionalista-preferida unas gotas de mercurio. Los metales pesados se van a llevar en 2009, año del buey, la crisis y la no-recesión. Y si precisan de ropa de un color determinado, no se compliquen la vida. Un toque hippie para los gallumbos y a correr.

Pasen buen resto.

Restaurante Puta Parió II

En Jarandilla de la Vera (Cáceres), pequeña localidad del valle de La Vera, vecino del famoso valle del Jerte, hay varias formas de llegar al centro del pueblo. Una es seguir los carteles de “centro ciudad” y otra, seguir los carteles del restaurante Puta Parió II.

Cartel anunciando a la Puta Parió II

Además de dar de comer, venden productos de la zona en Puta Parió II

No sé si hay primera parte del mismo ni qué pinta tiene, pues cuando pasé por delante de él era media tarde y estaba cerrado. El pueblo se preparaba para celebrar la fiesta de los escobazos, si mal no recuerdo, que implicaba, “escobas” de ramas secas posiblemente ardiendo por la noche. Tampoco hubo tiempo para ver la fiesta en sí, sólo los preparativos del día anterior.

Por lo que cuenta internet y Mr. Google, el restaurante es tradicional, pequeño y conviene reservar antes. Y venden productos típicos de la zona.

Eco, eco, eco, viva San Teleco

Parece que este año el Santo Patrón de los Telecos del mundo va a pasarse por su Santa Casa en la ETSIT de Madrid

Cuenta el libro de Simón
que subido a una antena
vivía un santo varón
con una larga melena
calvo, miope y barrigudo.
El ermitaño desnudo
cumplía su penitencia,
con el rostro enjuto y seco
por devorar tanta ciencia.
Lo llamaban San Teleco
y es verdad, que no leyenda,
aquella historia que cuentan
del Santo del transistor.

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¡Eco, eco, eco, viva San Teleco!

Esos locos vecinos

Cada año va a más. Los vecinos de por donde vivo se dedican a soltar cohetes a partir del primer anuncio del año, con aún las copas de cava, sidra o lo que quieran beber calientes. Es todo un espectáculo ver cómo se dedican a competir entre urbanizaciones y particulares, lanzando auténticos arsenales sin ton ni son, creando un efecto de campo de batalla, con destellos por todos lados.

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Igualito, igualito

En SlashDAT! han comentado que en El País se han hecho eco de forma un tanto sesgada y centrada en el consumo de alcohol del pseudo-San Teleko 2006. Y digo pseudo porque eso no fue ni santo ni teleko, fue un sencillo botellón en los “pinos” de la parte de atrás de la Casa, bien lejos de los feudos de Dirección para que no se les manchara ápice alguno de baldosas.

Sólo he leído el recorte, pues para ver el artículo completo hay que pasar por caja, pero la gente que ha podido leerlo entero comenta en SlashDAT! que no dicen nada de los motivos exactos de porqué están ahí y no en la Escuela ni hay contenedores de basura ni nada que se le parezca.

Yo me remito al archivo fotográfico, en primer lugar, la fotografía que acompaña al recorte de EL País, de Uly Martín.

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Crónica de una muerte anunciada

La verdad es que no voy a hablar del libro de García Marquez. Voy a desfogarme a gusto sobre los tristes acontecimientos que van a derivar en que el Santo no baje mañana a su Santa Casa. No, no me ha dado un ataque de fé. El Santo no es otro si no el Santo Varón que una larga melena, calvo, miope y barrigudo habitaba en lo alto de una antena. San Teleko. Ese mismo personaje que se deja ver cada primer viernes de diciembre por la Santa Casa que no es otra que la E.T.S.I. de Telecomunicación de UPM.

Cuenta el libro de Simón
que subido a una antena
vivía un santo varón
con una larga melena
calvo, miope y barrigudo.
El ermitaño desnudo
cumplía su penitencia,
con el rostro enjuto y seco
por devorar tanta ciencia.
Lo llamaban San Teleco
y es verdad, que no leyenda,
aquella historia que cuentan
del Santo del transistor.

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