El día en que mi colegio se acordó de mí

Están a punto de pasar diez años, que se dice pronto, desde que dejara el colegio en el que estuve desde primero de preescolar hasta el COU -chico LODE- para entrar en la Universidad y dejarla de nuevo por el mundo laboral con un título bajo el brazo. El cole de bien en el que estudié toda mi vida preuniversitaria cumple este año 25 años y se ha acordado de sus promociones. Para tan magno evento, van a editar el clásico dosier-revista «mira qué majos que somos y lo estupendo que éramos y seguimos siendo.»  Y por supuesto, quieren unas líneas de escogidos alumnos de cada promoción.

Resulta gracioso que ahora se acuerden de uno que perteneció a un curso al que sistemáticamente la dirección ignoró y marginó año tras año. Decían que éramos malos y, por ejemplo, perdíamos las salidas buenas y nos colocaban los restos. Llegamos a ir dos veces consecutivas al mismo periódico. Sería para ver si habían cambiado algo.

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