Microclimas de autobús y los resfriados de septiembre

Una de las ventajas de viajar en los autobuses interurbanos de Madrid es que te permiten disfrutar o sufrir de otros climas sin salir de tu comunidad autónoma.

Durante todo el verano uno ha podido disfrutar de dos tipos de climas que aún se mantienen en este cambiante septiembre. El primero de ellos, el seco y caluroso desierto del Gobi, y el segundo, la congelada Antártida. No hay término medio. Te puedes asar de calor, encharcar la camisa y montar un improvisado concurso miss y míster camiseta mojada autobusera al son del descamisado conductor. O bien te puedes criogenizar hasta tu parada a unos cómodos 16º o 18º con un gélido chorro de aire sobre tu cabeza. Ideal para montar un Centro de Proceso de Datos móvil. Y pobre de tí como se te ocurra abrir una ventana para subir un poco la temperatura…

“¡Esa ventana /insulto#1/, que tengo el aire acondicionado puesto /insulto#2/!”

…no, si eso ya lo noto yo…

Los nuevos autobuses están climatizados, fijas la temperatura y listo. Así que puedes poner los tan de moda 24º o si me apuras, algún grado menos. Además, apenas sí tienen cuatro ventanas que se puedan abrir en total. Están pensados para ir con el climatizador regulando la temperatura a algo razonable. Supongo que a algún ingeniero le pareció buena idea que climatizar ayudaba a tener ventanillas cerradas y así mejorar la aerodinámica y reducir consumos de carburante. Al menos eso te cuentan en la autoescuela. Lo que no tuvo en cuenta el buen ingeniero era el factor conductor y que él sí que suele llevar su ventanilla la mitad de las veces bajada… mientras la gente desde la mitad del autobús hacia atrás agoniza en la simulada estepa siberiana.

De hecho, a eso de las 7 de la mañana cuando vas al trabajo no suelen tener el aire puesto, pero al estar todas las ventanas cerradas y la gente no querer despeinarse con el aire de la carretera, a esas horas llegas a pasar calor en el autobús. A las 8 o 9 de la mañana ponen el aire, que aguanta fácilmente hasta las once de la noche, y ahora que los autobuses “descansan” en los intercambiadores bajo tierra, no les da el sol entre servicio y servicio, por lo que no se calientan en exceso.

El resultado, a las cuatro de la tarde tienes frío ártico en el autobús, y la probabilidad de pillarte un resfriado ahora en septiembre entre tanto chorro de aire, cambio de temperatura brusco y sudadas innecesarias, tiende a 1. Y eso es justo lo que me ha pasado. El absurdo constipado que me he agarrado esta semana y me ha hecho inaugurar prematuramente la temprada del Algidol y los pañuelos se lo debo gracias a los 30 minutos de aire helado en la cabeza diario.

Y lo mejor se presenta ahora, en otoño, con la llegada de las lluvias -si llegan-, que traerán el clima tropical, húmedo y caluroso, al interior de los autobuses verdes. Así uno podrá disfrutar de una fiel réplica de la selva con esas humedades cercanas al 90% y alta probabilidad de lluvia cuando el autobús va bien cargado de humanoides.

A estas horas ya no quedan apenas vestigios del catarro incubado la semana pasada, pero no pasa nada. Mañana lunes volvemos al chorro de aire frío.

Deja un comentario