Nuestro conocimiento del universo está a punto de cambiar

CERN LHC

El mayor acelerador y colisionador de partículas jamás construido por el hombre está a punto de ponerse en marcha. Se supone que la segunda semana de agosto empezarán a circular por sus anillos partículas y unos dos meses después, a colisionar entre sí, que es de lo que se trata, para intentar arrojar algo de luz al proceso de formación del universo en sus primeros estadios posteriores al Big Bang.

El Gran Colisionador Hadrones o Large Hadron Collider o LHC a secas está situado a unos 100 metros de profundidad entre las fronteras de Suiza y Francia aprovechando el trazado de su predecesor, el LEP o Large Electronic-Positron Collider. Lo ha construido la European Organization for Nuclear Research (CERN en la Wikipedia) en colaboración con agencias de investifación energéticas de todo el mundo. La broma cuesta unos 3000 millones de euros.

Se empezó a diseñar a comienzos de los años 80, su construcción se aprobó en 1994 y en 1998 se comenzó a excavar las enormes bóvedas que van a alojar los experimentos que se desarrollarán como poco hasta 2020.

Básicamente esta enorme instalación se dedica a colisionar a velocidades cercanas a las de la luz a hadrones, que no son ni más ni menos que partículas subatómicas compuestas por Quarks. Y no nos referimos a cierto barman. En realidad de entre todos los hadrones lo que van a colisionar son protones e iones. Estos hadrones se aceleran cargándolos con mucha energía antes de introducirlos en los anillos del LHC en haces que viajan en direcciones opuestas y en los puntos del trazado en los que los dos anillos se cruzan se producen las colisiones. En estas colisiones se producirán nuevas partículas subatómicas y el interés científico está en examinar qué es lo que sucede en esos momentos. Para ello se ha diseñado una serie de seis grandes experimentos.

Alineando magnéticamente las secciones del LHC en el CERN

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