Electric Festival, al final el viernes no llovío -mucho-

Tuvimos suerte el viernes y hasta disfrutamos de algo de sol en el Electric Festival de Getafe. Aunque sólo fui el viernes he de decir que, salvo el robo de la comida y los problemas técnicos que tuvieron The Offspring con sus equipos, el resto fue impresionante.

Al dinal salió el sol el viernes en el Electric Festival 2008

He de reconocer que, salvo el último Festimad -de verdad, de los de El Soto de Móstoles- al que fui a ver a Rammstein entre otros,  la organización fue muy buena. Prácticamente todos los conciertos iban clavados al horario, salvo con RATM, que se retrasaron ahí casi media hora. Además, el despliegue de barras y baños dispuesto era digno de mención. Se supone que había hay más de 20.000 personas y mucha orina que desalojar para dar cabida a más cerveza y demás brebajes. El sistema de fichas de “prepago” para todo, tanto para bebida como para comida resulta bastante práctico para olvidarse de tener que estar buscando la cartera entre concierto y concierto y hacerte con un litro de fresca cerveza. Eso sí, al palo de 8€/mini y con previo registro a la entrada, no sea que vengas abastecido en origen. A fin de cuentas, es un negocio, ¿no?

Amenaza de diluvio

Donde sí que fallaron fue en el tema de la comida. A parte de ser el clásico atraco a golpe de fichas de 4,5€ para cualquier cosa, bocadillo, hamburguesa, trozo de pizza o kebab, de entrada, intentar pedir era un completo caos. Parecía otro concierto, con sus empujones, la gente tratando de llegar a primera fila y gente tratando de salir con su preciado bocadillo. Cuando llegabas a la barra, la risa, “no quedan kebabs ni pizzas” -claro, y lo que hay al fondo dando vueltas *no* es un kebab- y “lo más rápido que os puedo dar es lomo o hamburguesa.” En qué hora elegí lomo… suela de zapato era más apropiado. Uno no pide nada de gourmet, pero no creo que fuera tan difícil disponer de la misma forma que tienes cinco barras enormes para soltar alcohol, un espacio algo más grande para dar con más tranquilidad algo medianamente decente para comer.

Dejando ya a un lado el asunto de la organización y centrándome en a lo que uno iba, el lote de conciertos me encantó. Boté, salté y disfruté, descubrí grupos para añadir a la saca y por fin pude ver un directo de RATM. Lo curioso del viernes fue que, salvo por Serj Tankian, el resto de grupos no tenía discos muy recientes y era como volver unos cuantos años atrás en el tiempo.

A Biffy Clyro no llegamos a tiempo y empezamos con Millencolin en el escenario cubierto. Fue el único concierto que no me gustó nada, no por el grupo, sino por la acústica. O más bien la ausencia de ésta. Uno no pide una sala de conciertos a lo Filarmónica de Berlín, pero sonaba peor que un móvil de primera generación, todo distorsionado y apenas se podía adivinar al vocalista. Una pena.

Serj Tankian en el Electric Festival 2008

Tras el fallido intento de Millencolin, tocaba el turno a Serj Tankian, el impresionante vocalista de System of a Down que ahora presentaba trabajo en solitario con nueva banda. Esta vez era en el escenario principal, y nos situamos un poco por delante de la estructura del medio, un tanto alejados del escenario pero a cambio teníamos una acústica increíble. Sonaba claro y cristalino, lo cual era de agradecer porque este hombre tiene unos registros tanto de agudos como de graves sensacionales y no era plan de que se estropeara el directo por excesivos amplificadores. No había escuchado nada de Serj Tankian desde System of a Down y no defraudó nada, buenos cambios de tiempos, ora tranquilo, ora acelerado. Muy buena sensación y se ha ganado el derecho a que su disco físico pueda acabar siendo adquirido.

Con el horario a rajatabla, acabado Serj Tankian era el turno para The Calavera Conspiracy de nuevo en el horrible escenario cubierto. Dado que después teníamos a Iggy, The Offspring y RATM todos seguidos, era el momento perfecto para luchar por un trozo de asqueroso lomo para asentar el estómago un poco.

Ya con el buche medio lleno y el obligatorio paso por la barra a por líquido elemento amarillo a meterse al bollo. Caminito y sin prisa pero sin pausa, pusimos rumbo lo más cercano posible que pudiéramos llegar del escenario principal para ver a los Stooges, The Offspring y RATM. Había ganas de botar. Ya saben, terapia para desestresarse.

Iggy & The Stooges en el Electric Festival

Iggy Pop no defraudó tampoco junto a sus Stooges. Lo que se dice dar la nota, la dio, desde subiendo a cuatro personas del público, hasta tirando el equipo por los suelos y regalándonos con un par de minutos de un exquisito pitido agudo para llamar a supermán tras tirar el amplificador, pasando por dar instrucciones a los técnicos pidiendo luz para ver a su público. Y eso que estuvo muy comedido, ni miccionó ni excretó ninguna otra cosa sobre el devoto público allí reunido. Como diría Tapón, “mucho divertido.” Me quedo con dos de los que Iggy subió al escenario, uno de ellos se dedicaba a ir con el móvil haciéndose fotos literalmente con toda la banda, en plan me acerco mientras está tocando, me apoyo en el hombre y ¡foto! y otro con capucha y gafas de sol que estaba pegando botes por todo el escenario. Iggy sin duda se ganó al público a base de traer de cabeza a su equipo de técnicos y seguratas. Los primeros llevándole el cable por el público de las primeras filas y los segundos evitando que se metiera demasiado en el público.

Con los Stooges se fue el sol y cayó la noche y a la espera de The Offspring aprovechamos los huecos que dejaba la gente que salía de las partes delanteras y nos apuntamos a seguir a los grupos que se internaban hacia el escenario para estar más cerca. Tenía ganas de pegar botes y quedaban huecos por delante. En esto llegaron las 22:35 y Dexter Holland apareció junto con el resto de la banda en el escenario y arrancaron con Bad Habit. El comentario generalizado fue el mismo: pero qué gordos que están. La dura vida del músico-creador-artista, ya saben. ¿Dije que íbamos a botar? Acabamos casi en cuarta fila… entre melé y melé para luego volver al punto de partida. Es realmente entretenido y desestresante meterse en todo el fregado y no saber por dónde vas a acabar. Y eso que era The Offspring, uno acostumbrado a Rammstein y similares. Los jerséis y chaquetas volaban por los aires al tiempo que la gente perdía cosas de las mochilas. Como dato, a uno que tenía delante, se le salió de la mochila la pedazo réflex digital con tapa, batería y objetivo… y logró dar con ellas mientras conteníamos a la gente. Mucha suerte.

Y las guitarras dejaron de sonar para The Offspring

La nota negativa la puso la técnica. Como dijera cierto personaje, “La tecnología no estaba a la altura de las circunstancias” y se quedaron sin chicha las guitarras y micrófonos entre varias canciones durante un buen rato. Los silencios de la banda se compensaba por el público, entregado a pedir que la rubia de la pantalla gigante enseñara algo o a gritar exabruptos típicos madrileños. Mientras tanto, Noodles aprovechaba para mostrar lo bien que mimaba su barriga cervecera y Dexter a “refrescarse” con líquido elemento. Resuelto el problema técnico por segunda vez y viendo que su “hora estándar” de duración de concierto avanzaba peligrosamente, aceleraron el ritmo hasta acabar con un glorioso Self Esteem pasando por sus grandes clásicos como Pretty Fly (For a White Guy) o Staring at the Sun e incluso cayó nuevo tema de su siguiente trabajo de estudio. Al final, mucho mejor que cualquier clase de gimnasio.

Teníamos casi una hora de tiempo hasta el turno de Rage Against The Machine, y era necesario algo de líquido elemento aliñado, por lo que abandonamos la posición tan cercana al escenario para ir a los bares a cambiar fichas por copazos. La experiencia de los anteriores conciertos indicaba que si te alejabas un poco y te quedabas a la altura de la pantalla trasera, sonaba mucho mejor que si te quedabas más cerca. Así que decidimos evitar los efectos del campo cercano para poder oír como debía ser el increíble directo de la guitarra de Tom Morello.

Con casi más de media hora de retraso salieron al escenario ataviados de presos de Guantánamo para arrancar con Bombtrack el que fue para mi el mejor concierto de todos los de la noche. Me quedo sobre todo con las maravillas que hace Tom Morello. Con razón está en el puesto número 26 de la lista de Rolling Stone de los cien mejores guitarristas de todos los tiempos. Zack de la Rocha repasó la mayoría de sus trabajos más destacados como Bullet in the Head o Bulls on Parade y nos dejó para el final la mítica Killing in the Name tras una alargada Sleep Now in the Fire. Le faltó adaptarla al castellano. Ya saben… And now you do what they told ya

Para las 2:05 ya había acabado RATM y cerraban los Queens of Stoneage en el horrible escenario cubierto. Con el riesgo de que no se oyera nada, fuimos hacia el lateral de la carpa que habían abierto y daba hacia la salida y tras un par de temas decidimos adelantarnos al resto de las tantas mil personas allí presentes y nos retiramos al coche aparcado más allá de la estación de Cercanías.

Como dije, nos llovió al ir… y al volver. La última amenazante nube tuvo a bien descargar con fuerza encharcando en cuestión de momentos todo y creando un par de atascos en la ruta hacia el aparcamiento a la hora de pasar sobre las vías del tren. Pero lo mejor estaba por venir. La maravillosa M-40 entre la A-5 y la A-4. Una experiencia para todos los sentidos, única porque tiene unas balsas y baches espectaculares. Tocó prácticas de acuaplaning a cincuenta kilómetros por hora, levantando chorros de agua impresionantes.

Una noche completita.

Deja un comentario