Aprendices de caciques

Tierras

Como en todo pueblo que se precie, en el de mi madre hay nuevos caciques que van retomando las aspiraciones latifundistas de sus predecesores en el cargo. Si bien es cierto que sus anteriores técnicas intimidatorias se han visto reemplazadas por otras más sutiles. Han encontrado en las reunificaciones parcelarias y el catastro que llevan asociado unos valiosos aliados.

Se acabó untar a media corporación municipal y gastarse los ahorros familiares en comprar las dudosas lealtades de desagradecidos empleados del consistorio. La cosa es más sencilla. Basta con ir a la ventanilla del catastro e indicar que una propiedad arbitraria que no te pertenece realmente “no te aparece” en tu listado de propiedades. Ahora resta ser un poco paciente, esperar un par de años y que el legitimo propietario no se percate del asunto y rectifique el catastro.

Pasado el tiempo, entra en juego la reunificación parcelaria. Este proceso no es más que sumar todas las tierras de pequeño tamaño que tienes y cambiarlas por una parcela única de tamaño equivalente. La reunificación toma como datos el catastro y ahí está la trampa. Una vez que se ha redistribuido el terreno se obtienen nuevas escrituras y con suerte la víctima ni se entera. Sobre todo si se ha marchado del pueblo hace décadas y sólo lo visita en periodo estival. Para mayor desgracia del afectado, reclamar una vez consumado el acto supone tiempo y dinero navegando por juzgados y registros de la propiedad a la espera de dar con algún papel que justifique su usurpada tierra.

Si a esto le añadimos que por lo general la gente no dispone de escrituras actualizadas y que la mayoría de los negocios con las tierras hace más de 30 años se hacían sin apenas papeles y con acuerdos verbales, pues imagínense lo difícil que resulta recuperar la tierra equivalente tras la reunificación. Parcelas pequeñas fruto de herencias divididas entre nietos y que por norma general no recuerdan tener. Ya saben, cosas del estilo, Yo creo que tenía unos olivos del abuelo allá por el río…

Es cierto que hay que esperar bastante tiempo para hacerte con la propiedad ajena, pero si esto lo haces con muchas tierras al tiempo que te dedicas a comprar legalmente otras parcelas pequeñas para no dar demasiado el cante, al final te haces con unos terrenos agrícolas bastante majos. Ahora te puedes dedicar a montar el cultivo subvencionado de turno y seguir aguardando a que el núcleo urbano crezca hasta tu tierra rural y mágicamente se convierta en urbanizable. Aunque aquí seguramente haga falta ya untar un poco.

¿Y todo esto por qué lo cuento? Porque a mi madre el aprendiz de cacique de turno de su pueblo natal le ha intentado robar por este procedimiento un par de terrenillos heredados de su bisabuelo. Por suerte, conocedores de la existencia de este impresentable, revisamos en una visita al registro municipal cómo andaba la cosa y pudimos corregir el catastro. Parece un poco tonto, pero con esta técnica, un par de personajes del pueblo se están haciendo con muchísimas propiedades de gente que ya no vive allí.

Ya conocen el dicho castellano de heredarás la tierra. O no.

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