Mear en una botella

World of Warcraft

Estoy harto. Hastiado de tanto World of Warcarft, WoW o como tengan a bien llamarlo. En mi entorno es simplemente El Juego, con mayúsculas. Para mi, El Puto Juego, también con sus mayúsculas. Y no estoy cansado del juego porque yo juegue y pague religiosamente las cuotas mensuales para la dosis. Yo no juego y no creo que lo haga nunca. No, estoy cansado de tanto juego porque hace año y pico tenía amigos. Ahora tengo personas alienadas con las que salgo los fines de semana y el prácticamente único y monopolizador tema de conversación es el juego, sus últimas “conquistas” y victorias digitales o el último pique que tengan con alguien al que ni siquiera conocen pero odian a muerte.

Hace poco los creadores de South Park hicieron un episodio con ayuda de Blizzard, las perversas mentes que idearon tan adictivo producto, dedicado precisamente a la gente viciada a este juego. La verdad, no lo he visto, pero creo que no me hace falta verlo. Aunque digan que la realidad supera con creces a la ficción, este no llega a ser el caso. Mi gente todavía no llega a defecar en un plato o miccionar en botellas vacías de dos litros de Coca Cola por no levantarse y dejar el teclado cuando están a punto de lograr la pluma dorada de la cola del gran señor de ciénaga de peste oscura que les proporcionará unos fastuosos +5 puntos en alguna habilidad indispensable que justifique la pérdida de horas de sueño. Fascinante.

Que conste en acta que yo he jugado desde crío a juegos de rol con sus fichas, dados y tablas de críticos, y me lo he pasado en grande largas tardes de verano en la piscina con los amiguetes inmersos en las aventuras de los caballeros del Pendragón, dragones con sus mazmorras o pronunciando cosas imposibles en alguna aventura inspirada por la retorcida mente de Lovecraft. Incluso me dio por las Magic un par de años hasta que pasé de dejarme más pasta. Pero lo que nunca he hecho ha sido tirarme tres o cuatro horas hablando de lo cara que está la montura épica de turno, dónde conseguir el huevo del hipogrifo dorado o qué ingredientes hacen falta para fabricar la poción o artilugio de turno cuando mis conocimientos culinarios no escapan más allá de cuánto he de girar la ruleta del microondas para calentar unas salchichas cocidas.

Es alucinante. Me dicen que tengo que comprarme el juego. Yo les digo que juegan demasiado y que deberían bajar la dosis. Y lo dice uno que aún se echa sus partiditas en red de vez en cuando a mi amado Command & Conquer Red Alert 2, pero sabe cuándo ha de darle al botón de “exit” y no tiene que estar jugando más de cuatro horas para lograr algún hito. Dice la gente que estos juegos llegan a absorber la vida de la gente, echando por tierra relaciones y parejas. Mis amigos han solucionado ese problema: sus respectivas también están enganchadas al juego. No es que se hayan buscado a gente que juegue. No. Les han enganchado al juego.

Si a todo esto le sumamos que por supuesto tienen su propia guild o gremio o clan con güebs y todo, camisetas de la misma y que su guild master o líder espiritual e imán supremo se aburre haciéndose tarjetas de visita con su nombre de usuario, creo que lo dice todo. Cada semana o como mucho quince días se monta pollo entre los miembros del clan porque si unos estaban o dejaban de estar cuando había gente para hacerse tal parte del juego o que si se había quedado uno tal pieza que había salido cuando a su personaje no le vale. Y claro, se mosquean, se llaman por teléfono, se ofuscan… pero claro, ellos están ahí sólo para jugar, para desconectar… pues menos mal. Lo mejor de todo es la gente que tienen luego en su clan. Hay cada personaje. Desde el que con sus más de 26 años no se le conoce trabajo ni afición más que la de jugar 24/7, el padre de familia que prefiere dedicar cuatro horas de fina de semana a un bicho verde antes que atender las carencias afectivas de sus hijos, o el crío de ocho años que no entiende cómo alguien se va de vacaciones en un puente en vez de jugar. Esperemos que hasta llegar a masturbarse con un personaje bailando aún les quede un largo trecho. Como diría Walter,

Walter Sobchak: Eight-year-olds, Dude.

Además, hay otra cosa más que me deja alucinado. El destrozo del lenguaje. El juego está en inglés, aunque preparan traducción que creo que hace llorar a más de uno y le falta que esté en el eufemístico castellano neutro para igualar a la del Halo 2. Como está en inglés y como todo español de a pie tiende a castellanizar palabras extranjeras, pues se dedican a añadir un “ar” a todo verbo suelto, sin preocuparse uno de buscar su traducción. Y no digo que uno tenga que ser bilingüe para encontrar la traducción y el término más exacto. Vale que lo uses en el fragor de la batalla, con todos los frikiclorianos disparados pero extrapolarlo a la vida real y en vez de decir “Pásame las patatas” te piden que “les rolees las patatas”, pues algo falla. En serio, es alucinante cuando en el grupo estamos los dos que no jugamos al Puto Juego y se ponen a hablar de repente del juego, porque algo les ha recordado algo del juego. Nos miramos y nos decimos “ya están otra vez con el puto juego.”

Hace tiempo leí que habían creado una clínica de desintoxicación por los nortes de las Europas civilizadas para desenganchar a la gente adicta a los videojuegos. Creo que ya sé dónde voy a proponerles ir de vacaciones.

7 thoughts on Mear en una botella

  1. Hombre, siempre te quedamos nosotros, que aunque estemos (algunos) enganchaos al LJ la adicción es menor… pero somos un poco más raros (aunque achuchables xD)

  2. Pingback Lost in delta quadrant » Secondary objective completed
  3. Ay, ay, no te diré que me siento identificada (con tus amigos), porque no he llegado a eso… aún. Tampoco juego al WOW porque me conozco y paso de una adicción más, así que no voy a catarlo siquiera. Pero el Oblivion tiene un peligro… (y antes, los distintos Baldur’s Gate, Neverwinter, Torment, etc.).

    En mi entorno (parejas, amigos) quien más quien menos siempre ha tenido una adicción similar, aunque no siempre exactamente la misma (por ejemplo, la cara que algunos nos ponen a ti y a mí cuando empezamos a hablar de 24 et al. debe de ser parecida a la que pondrías tú si algún cromita y yo hablamos del BG o la que pongo yo cuando otros se enzarzan a hablar de oscuros personajes de Star Trek…). Pero estar solo en grupo de gente muy enganchada y a lo mismo… 🙁

    Ánimo…

  4. Nushh, la diferencia por lo general es que cuando nos ponemos a comentar jugadas frikis lo hacemos entre nosotros y puede ser un momento, no tres horas durante toda la noche. Esa es la diferencia por la que yo me quejo, no que hablen del Juego.

  5. que patada en la boca te daba yo a ti, mierdero. Que no tienes ni puto respeto hacia la gente que juega a ese juego. A ti te iba a dar yo wow, marikon.

  6. Querido Damián de Aluche,

    Por lo general respeto bastante a la gente. No las ideas de muchos, como pueda ser perder un fin de semana entero delante de un ordenador. Pero a la gente sí que la respeto. Te respeto, por ejemplo, a ti, y que puedas soltar improperios aquí y donde sea. Otra cosa es que tus ideas -si es que eso de arriba es una idea- sea si quiera defendible.

    De hecho, respeto bastante a la gente que está enganchada a esta casi drogo-dependencia que es el WoW, pues tengo en bastante estima y aprecio mucho a mis amigos. Y les tengo aprecio y no me canso de decirles como espectador de que eso, que el WoW, no puede ser bueno. Y la verdad es que el tiempo me ha dado la razón. Y ellos en parte. Casi todos lo han dejado hasta el punto de dejar de pagar sus cuentas y abandonar sus maravillosos bichos de nivel 70.

    Y por cierto, yo, a diferencia de ti, Damián, no me he puesto a insultar a nadie. A ver si empezamos a respetar un poco más antes de decir improperios tras la comodidad del casi anónimo teclado…

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